Siena

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Brilla en el centro de la Toscana la belleza deslumbrante de una ciudad cuyo leyenda se remonta a los orígenes de los etruscos, a los nietos de Rómulo, el fundador de Roma.
Cerrado entre los mismos muros, el centro histórico tiene su eje focal fundamental en la Plaza del Campo, zona rediseñada bajo el poderoso Consejo de los Nueve (1287-1355), que no sólo impuso leyes proteccionistas en favor de los artistas locales, sino también –y ha sido el primer caso en Italia en 1297– regulaciones constructivas dirigidas para calificar los espacios urbanos.
La Plaza del Campo, un espléndido auditorio en forma de concha, está dominada por los tonos cálidos de ladrillo, y parece irradiarse desde la mole del Palazzo Pubblico, construido en 1297 y ampliado en varias ocasiones hasta el siglo XVIII. En su interior algo deslumbrante, el Museo Cívico: una sucesión de salas con soberbias ventanas abiertas al arte de Simone Martini y Ambrogio Lorenzetti, Taddeo di Bartolo y Domenico Beccafumi .
Se proyectan sobre todo el perfil de la ciudad los 102 m de la Torre del Mangia (1338-1348); le responde en magnificencia en el lado opuesto de la plaza, la Fonte Gaia, esculpida por Jacopo della Quercia (1414-1418), celebración de las aguas que en 1346 fluyeron aquí, conducidas por 25 kilometros de túneles subterráneos (los famosos “botini”, visitables hoy). Al lado de una grada de pendiente vertiginosa, en el baptisterio de la Catedral (1316-1325), está la pila bautismal realizada en fases sucesivas por Jacopo della Quercia, Donatello y Lorenzo Ghiberti. Los mayores artesanos italianos trabajaron desde 1229 en la Catedral de la Asunción: Nicola Pisano, Arnolfo de Ambio, Tino da Camaiano, Sano di Pietro, Pinturicchio, el Vecchietta, Lorenzo Bernini. Sorprenden los mosaicos que ilustran el pavimento que recorre toda la iglesia, y el mármol da la alternancia entre el blanco y negro de cada elemento dentro y fuera del edificio. Giovanni Pisano desde el 1284 intervino en la fachada, creando el primer grupo escultúreo en la fachada de un edificio religioso italiano. Un proyecto del 1339, luego detenido por la peste de 1348, preveía la transformación de la basílica en un edificio gigantesco. El “Facciatone”, la altísima arcada que se distingue en un lado de la plaza, es todo lo que queda de la ambiciosa idea; se puede visitar, y pertenece al riquísimo Museo Metropolitano de la Ópera de la Catedral. Las maravillas únicas en el mundo de la Pinacoteca Nacional, casi 1.000 obras de arte sienenses desde el siglo XIII hasta el siglo XVII, están cerca del Hospital de Santa Maria della Scala, donde Domenico di Bartolo y el Vecchietta (1440) pintaron al fresco la vida cotidiana de la Siena del siglo XV. Atravesando las calles repletas de palacios nobiliarios, se llega a un gigante en ladrillo: es la Iglesia de Santo Domingo (mediados del siglo XIII), cuyo interior de una sola nave, brilla con la luz que entra por las grandes ventanas del presbiterio.